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¿Qué es lo que funciona en verdad?

17 ene. 2024

Reflexión

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¡Dios te bendiga estimado lector! Te contaré una breve historia (vale la pena que te quedes un momento):


Cierto día, un misionero explorador iba navegando por el mar hasta llegar a un isla donde encontró unas pequeñas tribus. Él se acercó con el objetivo de conocerles y predicarles el evangelio. Durante su estadía preguntó a los tres jefes de la tribu, cuál era la forma en la que ellos oraban. A lo que uno de ellos respondió: Nosotros oramos a Dios así: “Dios, nosotros somos tres así como lo eres Tú, Jesús y el Espíritu Santo. Por lo que te pedimos que nos ayudes”. El misionero, se sorprendió un poco y les dijo que podían realmente hacer una mejor oración y decidió enseñarles cómo debía ser. Luego procedió a dejarlos y continuar con su ruta. Al cabo de unos días, regresó y decidió pasar a visitar la tribu para despedirse. A lo largo aún en el mar, vi a los tres líderes de la tribu y empezó a saludarlos. Para su sorpresa, los tres líderes salieron corriendo desde la orilla de la playa hasta llegar a la embarcación y le dijeron al misionero: Estimado, amigo, olvidamos cómo orar ¿podrías enseñarnos nuevamente? A lo que el misionero respondió sorprendido: después de ver este milagro, no es necesario lo que les enseñé.


Este relato, en lo personal me deja una enseñanza cuando lo relacionamos con el siguiente texto bíblico.


Santiago 5:15 (TLA) nos dice: “Por eso, confiesen sus pecados unos a otros, y oren unos por otros, para que Dios los sane. La oración de una persona buena es muy poderosa, porque Dios la escucha.”



Considerando y destacando esta última parte, encontramos algo poderoso: el Señor nos escucha y por eso obra de la manera en cómo pedimos. A veces, creemos que tener muchos años en Cristo, nos hacer creer que tenemos ya una metodología, técnicas o patrones para poder orar. Recuerdo el pasaje de Mateo 6:5-15, donde Jesús les enseña a orar a sus discípulos. Ojo, ellos piden ayuda para que les enseñen a orar, seguramente muchos de ellos no eran personas que tenía esa tradición. Quizás habían escuchado las formas en las que los fariseos de aquel momento hacían, pero quería conocer otra forma de hacerlo. Jesús les enseñó que esa no era la forma correcta de hacerlo. Él les enseña cómo prepararse, cómo debo de actuar y la simplicidad que podemos encontrar al comunicarnos con nuestro Padre Celestial. Te estarás preguntando, ¿cómo es posible esto? Sencillo, a Dios no le sorprenderá nuestro amplió léxico al hablar o la elocuencia con la que podríamos hablar. Seguro, en lo humano son habilidades sorprendentes. Pero Dios requiere algo más genuino y menos llamativo. El secreto no está en cuánto eleves la voz, o cuánta gente te está mirando; tampoco tiene que ver con cuánto tiempo oras. Requiere más de qué tan genuino presentamos nuestra súplica. El ladrón en la cruz, la oración de Ana por un hijo, Elías cuando pidió por lluvia y Jabes, son ejemplos de que una oración genuina, determinante y con un objetivo, tendrán como resultado la obra de Dios a nuestro favor.


La oración es una comunicación, un chat directo con nuestro creador. Es un mensaje donde hay un receptor y un emisor. Dios nos escuchará, él prestará su oído y hará conforme pidamos. Dios quiere escucharte y estoy seguro de que tú también quieres escucharle a Él.


Dios te bendiga.

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