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¡Bendito, enemigo mío!

4 abr. 2024

Reflexión

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¡Alguien te robó! Te robó la paz, dinero, la verdad e incluso, te robó algo muy especial para ti… Sin embargo, tú le respondes: ¡bendito eres! Luego de un tiempo, un amigo cercano te llama y te dice: “esta persona, la cuál te robó, ahora es de mis amigos más preciados y ha sido transformado por Dios. Esta persona, ahora es útil para tu vida y para el reino”. Y tú le respondes: “le recibo, le amo y le bendigo”. 


Si fuera yo en esta historia, mejor me hago la que no entendió o inmediatamente hubiera rechazado la llegada de esa persona tan dañina. ¿Tu qué hubieras hecho?


Ahora, acompáñame a leer Filemón 1:17 (versión PDT):

“Si me consideras tu hermano en la fe, entonces recibe a Onésimo de nuevo, como si me recibieras a mí”.


La historia que conté al principio, fue un relato basado en hechos reales. Es la historia del Apóstol Pablo, cuando en la cárcel conoció a un hombre llamado Onésimo, el cual era sirviente de un Cristiano, llamado Filemón (amigo y cercano de Pablo). Onésimo, era sirviente de Filemón y no le fue leal, le robó, mintió y a saber cuantas cosas más…  y fue enviado a la cárcel. Luego, en la cárcel conoció a Pablo, se convirtió al Señor y fue transformado completamente. Un tiempo después, su condena estaba cumplida y el plan que el Señor tenía para este hombre, con un pasado lleno de decisiones malísimas, era un plan de redención y una vida libre en Cristo, sirviendo y creciendo en el Señor. 


¿Por qué te cuento esto? La razón es porque el Señor ponía en mi corazón lo siguiente:


 1. A veces tendremos un Onésimo, pero no es para nuestro mal ni el de él, sino para poder madurar y aprender a amar, hasta a la persona más difícil de amar…


 2. A veces, somos un Onésimo… en nuestra casa, trabajo, amistad e incluso la iglesia. Sin embargo, el Señor hoy nos recuerda, que solo debemos arrepentirnos y dejarnos transformar por Él, para seguir siendo útiles para nuestras autoridades y para el Reino de los cielos. 


 3. Debemos aprender, a recibir con todo el amor y mejores atenciones, tanto a una persona importante y de alto rango, como a una persona que pareciera “poco importante”.

Y con lo siguiente, quiero que terminemos este blog:


Dios, es un Dios de amor (1 Juan 4:7-8), y debemos amar SIN EXCEPCIONES manteniendo nuestra mirada en Dios y pareciéndonos a Cristo cada día más.

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